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RUFO SE UNE AL SHOW

  • 8 feb 2017
  • 6 Min. de lectura

Cuando todos vieron al circo montar su carpa a las afueras de la ciudad supieron que ese show había sido hecho para ellos especialmente. Su pueblo fantasma jamás presentaba ningún tipo de actividad interesante ni presenciaba sucesos descomunales, la prueba viva de ese hecho fueron los padres que enseguida se escandalizaron y prohibieron a todos los pequeños del lugar asistir a las funciones del circo, en la casa de Rodrigo se lo prohibieron categóricamente incluso llegaron a amenazarlo con unas cuantas noches sin cena; pero la curiosidad y los deseos humanos pudieron más que las persuasiones de la autoridad.

Todos los niños se encontraban en la misma situación, el circo se había convertido de alguna forma en la manzana prohibida, cada vez parecía más deseable. Se reunieron en la fuente que quedaba apenas entrar al bosque, donde siempre iban a jugar, pero esta vez irían a hacer un consenso y a planificar sus movimientos.

Decidieron no ir la primera noche al espectáculo, porque seguramente estaría lleno de espías y padres que procuraban salvaguardar la integridad y la imagen de sus familias.

Irían el segundo día y a mitad del espectáculo, la noche anterior la aprovecharían para buscar las ropas más viejas, sucias y feas que se ocultaran en sus armarios, para tratar de pasar desapercibidos entre el público que seguramente estaría conformado por los pobres del poblado y poco más.

Cuando se ocultó el sol Rodrigo fue a la cama como de costumbre, espero a que su madre le diera un beso en la frente y cerro sus ojos hasta que ella se salió de la habitación.

Oh su madre, cuanto extrañaría sus besos.

Se juntaron todos en la fuente nuevamente, adornados por sus ropas más feas, parecía que fueran disfrazados a alguna fiesta o algo parecido, así que no pudieron evitar el reír al verse. La emoción era grande, la euforia implacable, era la primera vez que estos niños presenciarían un show de tal magnitud, y Rodrigo se sentía sumamente feliz por ser quién ideara el plan e incentivara a sus amigos.

Llegaron y cuando estuvieron a punto de atravesar la puerta de tela de la entrada, apreció un joven sumamente apuesto, que los detuvo en seco.

-¿Pensaban entrar gratis pequeños bribones?

-No señor, para nada.

-¿Entonces a que me dices que jugaban niño?

Rodrigo siempre había sido el más valiente, amaba ser quién defendiera a sus amigos, se sentía lleno de poder, autoritario como su padre, sin duda había heredado sus habilidades y sería tendría tantos terrenos como el, seguramente podría llegar a ser el hombre más rico jamás visto en el pueblo, y este pensamiento atravesó su cabeza durante diez segundos, el mismo tiempo que paso mudo frente al joven que lo veía fijamente.

-¿Y bien?-insistió el guardián de la puerta.

-Aquí tiene señor, Rodrigo saco todo lo que llevaba en los bolsillos, y es que iba preparado; cada niño había llevado dos anillos-se los habían robado a sus madres-espero que esto sea suficiente por los tres.

-Más que suficiente pequeño, de hecho, aceptarlo sería estafarte.

-¿Cómo dice?

-Perdóname, creo que te estoy subestimando, toma tus anillos, pueden pasar todos.

El mundo de los negocios conformaría una parte de la vida que Rodrigo no tenía ganas de conocer. Tomo sus anillos decepcionado con el que el robo hubiera sido en vano, y entro junto a sus amigos a la función. El enfrente.

Cuando entraron vieron a la mujer más bella del mundo, estaba presentando el show de un cantante mientras bailaba, y al lado de ellos estaba un seños regordete y muy bien vestido, que parecía dirigir toda la situación, aunque a veces salía del escenario.

Los pequeños niños no entendían nada de lo que estaban viendo.

Tomaron asiento y desde la esquina en al que se sentaron podían ver como el señor que salía continuamente del escenario lo que hacía era beber de un vaso que tenía en una butaca tras él; beber algo que no parecía ser agua.

Los chicos estaban disfrutando esa noche como nada en la vida, había magia, música, luces y personas hermosas, era como un hechizo, que lamentablemente se acaba muy rápido y sin previo aviso.

Antes de que Rodrigo pudiera reaccionar un fuerte brazo lo jalo hacía debajo de la butaca donde se encontraba sentado.

Era su padre, algo borracho y furico por ver al niño en ese recinto.

-Papa te lo puedo explicar, lo siento mucho-El niño trataba de hablar en voz baja, pero entre que el circo estaba medio vacío y que además se estaba acercando a ellos el joven de la entrada, no pudo evitar que el espectáculo se detuviera.

-Yo lo siento más, no entiendo que hemos hecho tu madre y yo para tener un hijo tan malo, espera a que le cuente que te encontré en este lugar de mala muerte.

-¿Y qué hacías tu aquí?

-Insolente-fue lo que le dijo su padre a Rodrigo antes de bajarle los pantalones y comenzar a pegarle en medio del escenario. Toda la presentación se detuvo en un instante.

Rodrigo estaba sentado sobre el regazo de su padre recibiendo los golpes, con la cabeza hacia abajo, y aunque estaba llorando y gritando, entre las lágrimas de sus ojos pudo notar en la imagen borrosa que el joven de la entrada estaba intentando acercarse, pero el hombre mayor de traje no se lo permitía, y la otra mujer se había ido, quizás no soportaba ver tal acontecimiento tan atroz.

-Ahora además tendrás que volver a la casa solo, tal y como llegaste, mañana hablaremos de tu castigo-Le dijo Rodrigo a su padre antes de dejarlo caer en el suelo y salir apresuradamente del circo.

El joven guardián de la entrada ahora se acercó y cargo a Rodrigo, lo llevo hacía la parte de la afuera, y luego dando unas cuentas vueltas lo sentó en sus piernas y comenzó a tirarle agua sobre las heridas que le había dejado su padre. Cuando el joven abrió los ojos y dejo de apretar los puños se dio cuenta de que lo habían llevado al pequeño manantial de agua que estaba a las afueras de la ciudad, y que ahora el hombre mayor y elegante también los acompañaba.

-¿Estas bien?

-Si señor por supuesto-dijo Rodrigo entre lágrimas.

-Ningún niño debería ser tratado así.

-Desobedecí a mis padres.

-Aun así, ese hombre es un energúmeno.

-Lo hace porque me quiere.

-Yo te voy a hacer una pregunta cariñosa, niño: ¿Te gustaría venir con nosotros y dejar toda esta mierda?

-Serías muy feliz en el circo, te lo aseguro-ahora intervino el joven esbelto muy entusiasmado-y el señor Gregorio podría enseñarte a hacer un gran espectáculo como ha hecho con todos nosotros.

-No te precipites querido León, es decisión del niño.

Rodrigo continuaba mudo hasta que una luz al final del túnel comenzó a alumbrar en su interior.

-Espere, ¿dónde están mis amigos?

-¿Los niños que venían contigo?

-Si claro.

-Deberías escoger mejor tus amistades pequeño, en lo que han visto a tu padre jalarte fuera de la silla han salido corriendo, uno incluso dejo su gorra-dijo Gregorio tendiéndole una gorra al niño-muy bonita, por cierto, me gusta mucho el estilo que tenían los tres.

Rodrigo se sintió devastado, sus amigos lo habían abandonado ante el peligro, y estas personas desconocidas le estaban tendiendo la mano sin que él ni siquiera se los pidiera.

-Señor realmente no puedo, mis padres vendrían a buscarme mañana mismo, estoy seguro-dijo Rodrigo tocándose inconscientemente la pierna-y ni siquiera quiero imaginar de qué manera me castigarían.

-No tienes por qué hacerlo pequeño, saldremos esta misma noche.

-¿Todo esto es en serio?

-Digamos que sí.

-Deja de pensarlo niño, no te vas a arrepentir, yo te lo aseguro-le dijo León nuevamente entusiasmado.

-Esta bien-dijo el niño cabizbajo y poco convencido, pero seguro de que tenía que prevenir más palizas como la de esa noche.

-Solo hay una cosa antes-dijo Gregorio.

-¿Qué?

-Tienes un nombre demasiado elegante para mi circo que es más de nivel popular.

-¿Entonces que puedo hacer señor? No me diga ahora que no me llevara por mi nombre.

-No niño por supuesto que no, es solo que desde ahora y en adelante, tu nombre es “Rufo” un nombre de artista como es correspondido.

-Esta bien.

-Entonces no hay más nada que hablar, debemos comenzar a trabajar si queremos irnos antes del amanecer.

El joven alto cargo a Rufo, la nueva adquisición del elenco, y lo llevo a descansar mientras el resto recogía, ya tendría tiempo de hacerlo el mismo en el futuro.

Y así fue, el niño se acostó y cerró los ojos, cuando despertó ya no estaba ni cerca de su pueblo.

En esa mañana el niño de 13 años se despertaba sin nombre y sin confianza, todo lo había dejado en su pueblo. Cualquier tipo de ínfula.

Ahora era solo el joven Rufo, que ayudaba en lo que fuera necesario, se esforzaba por ser tan talentoso como todos, y limitaba sus opiniones para no sacar su lado mandón, jamás quería ser como su padre, jamás.


 
 
 

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