La revuelta
- 17 mar 2017
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Ha llegado lo que tanto me temía, el final de una historia, el final de nuestra historia. En esta ocasión me tomaré la molestia de escribir yo mismo la anécdota, con motivo de que la persona de la que voy a hablar es a la que le había encargado escribir todas las demás. Sé que el tiempo se ha acabado porque escucho a mis artistas; aunque ellos crean lo contrario sé que dentro de poco tienen planeado revelarse, ya estoy creando una especie de plan, pero me enfurece muchísimo saber que no son felices a mi lado.
Mi queridísimo León, el valiente niño que vino a mi luego de haber sido rechazado por una sociedad intransigente. Aún recuerdo ese gran día, no podía creer que un ángel como él quisiera pertenecer a mi teatro; fue de las primeras y mejores adquisiciones que he hecho en mi plantilla.
A pesar de que no tenía talentos llamativos, su talento real era llamar la atención de la gente, era muy agradable a la vista y al público no le importaba que su espectáculo fuera poco impresionante; el brillaba solo.
Según he podido averiguar, trabajaba en las calles haciéndoles favores indebidos a los hombres sin vergüenza, lo habían echado de su casa por tener gustos tan peculiares e inadecuados para la época y la zona. Era un chico valiente, tenía que serlo para sobrevivir en las calles.
Según me dijo no sufrió mucho porque realmente lo disfrutaba, pero esto mismo le daba asco porque sabía que todo estaba mal. Algo increíble es que León nunca se hubiera enfermado, pero el destino sabe por cuales caminos nos dirige, y actualmente parece estar bien, sano como un caballo.
A pesar de todas las adversidades, nunca perdió su elegancia, el estilo que desde pequeño le había inculcado una buena familia pudiente, que quería salvarlo de sí mismo, pero no se preocupó entenderlo. Dejaron ir una pequeña joya.
Yo pasaba por la ciudad e iba anunciando mi búsqueda de artistas; él vino en la noche y ni siquiera trato de hacer una prueba, se metió directamente en mi cama, la verdad es que tampoco le pregunte quién era ni qué hacía, pero al día siguiente si tuvimos una conversación larga y tendida, finalmente llegamos a acordar su estadía de forma temporal en el circo y que su desarrollo definiría su destino.
Recuerdo su cara como si la estuviera viendo ahora mismo, se le iluminaron los ojos, se le salieron unas cuantas lágrimas y me dijo:
-Gracias señor, no lo voy a decepcionar.
Fue cierto, se esforzó como nadie, pero no tenía mucho talento, ni digo que fuera su culpa, pero realmente el arte no era lo suyo. Seguíamos disfrutando de buenos momentos y no fui capaz de pedirle que se fuera, aún no lo he sido. Lo deje como una especie de linda ayudante para los espectáculos de todos, y me encargue de que cada artista tratara de enseñarle algo, aunque fuera mínimo. Tampoco hubo mucho éxito, pero se ganó el cariño de todos los cirquistas, era como la pieza que faltaba en la familia, nunca dejo de ser fabuloso y como digo, esto es lo que más me gustaba.
Encarna jamás se enteró de lo que teníamos, aunque el sí supo lo que yo tenía con Encarna, y no se lo tomo para nada bien, me hizo sufrir mucho por esto. Creo un lazo con Encarna que yo no entendía, ni me gustaba, seguramente en algún punto ambos habrán hablado de mí, pero no hubo ninguna revolución.
Muchas veces León me avergonzó en los espectáculos, podía generar revueltas con solo mover un dedo, y aunque me dolía lo azotaba. Cuando tenía que azotarlo yo mismo lo hacía con muchísima rabia y todos pagaban juntos las consecuencias; creo que no se han dado cuenta, pero yo los uní muchísimo los volví lo que son ahora y estoy orgulloso por ello. Todos tenemos en el fondo un corazón y el mío es muy grande, pero...
¿Por qué ha ocurrido todo esto?
Si van al circo lo sabrán, tuve una infancia difícil, y ahora me he propuesto no dejar que vuelvan a abandonarme, ¡NADIE LO VOLVERA A HACER! Mucho menos el León de mi circo… Esto es el gabinete de las artes, ustedes son los protagonistas. Sean bienvenidos.
Y de esta manera debemos decirles adiós. Así termina la presentación del gabinete de las artes, esperamos que este circo haya podido tocarles el corazón y que se queden con un poquito de sus personajes. Nosotros nos quedamos con la magia. Siempre recordaremos esa noche en la que el equipo artístico del gabinete de las artes se negó a actuar definitivamente. Hasta Siempre.
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