La prueba de Alfonsito
- 2 mar 2017
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¡Que escándalo!
Un circo que llegaba a la ciudad y se atrevía a buscar artistas, ¿es que acaso pensaban que estaban llegando a un pueblo de indecentes? A gritos llego la carroza del circo, con un hombre gordo en la cima, sobre el techo del carruaje; los caballos eran llevados por dos hombres andrajosos, y recorrieron toda la ciudad repitiendo sin parar:
-¡Única e inigualable oportunidad, te ofrecemos la opción de ingresar a nuestra plantilla! ¡Vuélvete una estrella!
Los dos hombres de abajo gritaban antes de que el hombre hablara y cuando terminaba de hacerlo, quizás era una forma de llamar la atención.
Alfonso paseaba con su familia casualmente, iba contándole a su padre sobre lo que había aprendido durante esa semana, al parecer se estaba volviendo un leñador fenomenal. Pero su atención se dispersó totalmente cuando escucha todo el espectáculo. Algo vibro dentro de él, aunque no comprendía que era; decidió continuar su camino y meditarlo todo más tarde si es que se acordaba de pensar en lo que no sabía que tenía que pensar.
ESA NOCHE
Alfonso se acostó y vio directamente al techo, no podía cerrar los ojos. ¿Por qué? Se levantó, sabía lo que hacía, pero no quería admitirlo.
Nadie estaba despierto, igualmente sería casi imposible que lo escuchara, tenía la habitación más grande y alejada de toda la casa, ser el príncipe de la casa traía sus ventajas.
Deslizó un pie, deslizó el otro. ¿Y qué paso? Lo mismo que cuando era pequeño, comenzó a escuchar música en su mente, y la seguía, saltaba y vibraba, eran momentos de gloria, el mundo parecía llenarse de color, pero sabía que en el fondo era solo su vida la que adquiría color. Ese color que no le gustaba a sus padres ni amigos, ese color que siempre se escondía tras una pared gris que conformaba su carta de presentación, su frente.
Listo, termino exhausto en el suelo, frustrado a sabiendas de su impotencia. Dio un fuerte golpe al parqué y escucho como alguien se levantaba en la casa, enseguida se abalanzo hacia la cama y fingió que continuaba durmiendo, no pudo ignorar el hecho de que alguien abrió la puerta de la habitación y estuvo a punto de entrar, pero seguramente la visión del joven “dormido” lo detuvo.
Cuando la puerta volvió a cerrarse Camilo abrió los ojos nuevamente, ahora seguro de que, si entendía los impulsos que estaba sintiendo en su corazón, ya sabía que tenía que hacer, e iba a hacerlo.
En la madrugada antes que su familia despertara, Camilo se alisto para ir al circo, estaba decidido a no regresar a su casa, por fin había llegado el día de abandonar el nido y nunca regresar, no había manera de detener el flujo de la vida.
Cuando iba saliendo, exactamente bajando las escaleras su madre le hablo por la espalda.
-¿Vas a ir, verdad?-Alfonso supo que lo sabía.
-Si mamá.
-Lo sabía, vi tu rostro ayer y cuando eras pequeño siempre disfrutaba de verte bailar, tienes magia en ti hijo-Alfonsito no pudo contener las lágrimas.
-Pero madre, yo…
-No tienes que dar ningún tipo de explicación-lo corto ella-la vida volverá a reunirnos cuando sea oportuno. Por ahora sal ahí fuera y brilla Alfonsito, siempre sabrás donde encontrar a tus viejos padres.
Alfonsito ni siquiera fue capaz de abrazarla, quizás se arrepentiría en el futuro, pero no era de muchas palabras y tampoco creía ser tan valiente como para irse si se enredaba en los brazos de su amada madre, que aparentemente no era ni la mitad de inocente de lo que parecía. Que extraño estaba resultando todo este día, tenía muy claro que en el futuro inmediato necesitaría un momento para detenerse, sentarse y pensar en todo lo que estaba ocurriendo. Si había algo de suerte ese momento sería dentro de la carpa del circo.
Bueno, ya estaba por empezar la acción real, salió a la calle y vio cómo se trataba de asomar un sol radiante por detrás de las nubes. Sería un día lindo, parecía la oportunidad perfecta para empezar una nueva vida, todo estaba a su favor, todo era hermoso. El color de su vida parecía comenzar a extenderse, salir al exterior y pintar el resto del mundo, justamente lo que siempre había deseado.
ENTRADA TRIUNFAL
Nombre irónico para esta parte del show, la verdad es que Alfonsito resbalo con una roca y entro a la carpa impulsado por su propio cuerpo, cayó deboca contra un áspero suelo de tierra que le ensucio la ropa y sin duda alguna lo dejo en ridículo frente al resto de aspirantes. Esto fue lo mejor que le pudo haber pasado en la vida, llamo la atención de Gregorio enseguida lo vio y noto que era apuesto, todo era cuestión de que diera un espectáculo tan digno como su presencia, y así fue, lo hizo. Gregorio lo amo, le tendió la mano y la invitación formal a ser parte de los artistas del gabinete de las artes.
Todos lo recibieron con los brazos abiertos, era popular, un nuevo diamante para ver y en el mejor de los casos, una piedra para pulir; lo veían todos de esta manera, realmente no había causado gran revuelo, era como si todos asumieran que él debía pertenecer al circo, aunque realmente no conocían la razón de porqué estaba ahí, el mismo las ignoraba. Ni siquiera León mostro su habitual descontento, aunque el niño era puesto, era demasiado pequeño para representar una amenaza del tipo de las que León solía tratar de evitar.
Y Encarna, la también nueva integrante del equipo artístico, creía haberlo reconocido un día, pero había ignorado ese hecho, y con el paso del tiempo incluso había ido olvidando su propia historia, así que sería imposible para ella llegar a las conclusiones necesarias.
Es lo que les pasaba a las personas de circo siempre, a lo largo se acostumbraban a o que tenían, olvidaban completamente lo que habían sido. Alfonsito no fue la excepción, sino que, al contrario, siendo un niño tan pequeño no le costó nada acostumbrase a su nuevo hogar, y sin casi esfuerzo, pronto dejo de llamar a su madre en sueños, y nombro al resto de artistas como familia. Aunque no lo dijera Alfonsito comenzaba a sentir a Gregorio como un padre, un padre fuerte y a veces malo, pero era por su bien, lo estaba convirtiendo en una verdadera estrella y eso era lo más importante, cuando salía al escenario lo recibían con aplausos y gritos, y cuando se iba una que otra vez incluso veía lágrimas derramadas de emoción.
Alfonsito estaba siguiendo los caminos de la gloria, ara el final de su vida todos lo conocerían, en cada pueblo se hablaría de él, y no habría corazón que no se alborotara al escuchar su nombre. La avaricia, es rápida, el orgullo y la pretensión nace enseguida en las personas se abre espacio y se instala en sus conciencias débiles e inexpertas.
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